Don José(tiempo de lectura: 5 minutos)

Faltaban solo cinco minutos para las 18:00 y aún le quedaban tres cuadras atiborradas de gente para llegar a su casa. Mirando fijamente sus pasos, don José caminaba lo más rápido que su andar de casi 80 años le permitía.
No tomar el té con dos tostadas untadas con miel a las seis, para así poder cenar a las ocho y media, podría perturbar lo que quedaba del día.
-¡Ay Dios qué manera de haber gente sin saber qué hacer en la calle! ¿No podrían quedarse en sus casas y hacer algo que valga la pena?
Al ritmo de sus pasos, Don José iba refunfuñando entre dientes un rosario de quejas muy bien fundadas acerca del gentío agobiante y sostenido que saturaba las calles de la capital. Él era capaz de encontrar, en unos segundos, no menos de seis sinónimos a cualquier palabra, sin tener necesidad de recurrir a las inapropiadas. Y no sólo podía encontrarlas, sino que también podía mascullarlas sin equivocarse, en la misma cadencia que aparecían en su mente.
El viejo ascensor del edificio parecía haberse complotado con el resto de la humanidad para que Don José no llegase a tiempo. Eran las seis y cinco cuando finalmente pudo poner la pava. Tardaría tres minutos en calentarse el agua, tiempo suficiente para disponer sus tostadas y la miel sobre la mesa. Diez minutos demorado.
El primer sorbo de tan exclusivo té negro, con un ligero aroma a naranjas, le evocó sin desearlo, la tenue sonrisa de Camila. ¡Qué diferente hubiese sido todo si ella no hubiese tomado aquella decisión treinta y cinco años atrás!
Ella tenía esa maravillosa cualidad de sentarse con sus apuntes y libros, y con su sola presencia, inundar el comedor. No necesitaba hablar, más bien prefería escuchar y observar. Don José decidió que sus recuerdos habían durado más de la cuenta y con un último sorbo terminó su té. Así también acabarían sus pensamientos que siempre lo llevaban a la misma encrucijada.
Ya se había retrasado treinta minutos, no era buena señal perder el orden que le era tan conocido y seguro. Necesitó con urgencia alejar la presencia de Camila de sus recuerdos. Revisar su correo todos los días antes de la cena, era una obligación imposible de postergar para el siguiente. Era casi un ceremonial; el lugar: la mesa de la cocina; la hora: las siete de la tarde; la herramienta: el abridor de cartas de bronce con cabeza de caballo que había sido de su abuelo. Ya sabía de antemano que sólo recibiría algunas boletas para pagar, la cartilla de las películas que podría ver con algún descuento, las últimas ofertas de libros de la cadena Mr. Brown y un sinfín de propaganda barata y de mal gusto de todos los supermercados de la zona. Siempre comenzaba por lo que era de su menor interés, obviamente las ofertas, y luego iba abriendo sobres hasta llegar a lo que más le gustaba, el cine. Aunque el procedimiento de abrir cada correo era predecible, sencillo y sin ningún sobresalto, esta vez fue diferente.
Era el turno de abrir el sobre de los estrenos y reediciones de películas. Todas las semanas recibía el mismo sobre de papel madera con el volante en su interior. Lo abrió y lo primero que leyó fue: “La Malagradecida”, una vieja película que se re editaba en el cineclub municipal. Con insistencia abrumadora, la presencia de Camila lo vuelve a agobiar. Si pudiese, le preguntaría a ella por qué.
Era jueves, noche de verduras al vapor con aceite de oliva y limón, y de postre una tajada de queso y dulce de batata. Estaba todo casi listo en la heladera; doña Amelia le aprontaba todos sus almuerzos y cenas los lunes por la mañana. Eran ya casi las veinte y, antes de comenzar con la rutina de la cena, don José prendió su radio para escuchar su programa favorito que lo acompañaría hasta las veintidós, hora en que casi seguramente se quedaría dormido. Y mientras aprontaba su mesa, se alegró de ser capaz de prever cada detalle de su presente y su futuro. Seguramente esta habilidad la había perfeccionado durante sus cuarenta años en la cátedra de Análisis Matemático II.
Cada bocado de su cena era una vuelta a sus recuerdos. Habían sido felices durante tres años y cuarenta días exactamente, y ella había tomado la decisión equivocada. Todos los martes por la tarde de aquellos años, Camela llegaba a su casa a las tres, y juntos, hasta las siete, hilvanaban inagotables preguntas y respuestas que ayudarían en su tesis doctoral. Como su director de tesis, él tenía la autoridad de no aprobar ningún distractor importante. Sólo unos minutos a la hora del té, era ese el momento en el que se permitían hablar de música, libros, cine y, muy de vez en cuando, algún tema de actualidad. Nunca algo personal.
La hora que sobrevenía después de cena era uno de los momentos más placenteros del día. Sentarse en el sofá del comedor, escuchar música en la radio, tomar una copa de brandy Carlos I y ojear lo que no había podido terminar del diario, era un placer casi insuperable. Esa noche, la complacencia duró sólo unos minutos. No pudo evitar recordar aquel último encuentro.
– ¿Le puedo hacer una pregunta profesor?
– Por supuesto.
– ¿Se enamoró usted alguna vez?

Rosario Fonseca

¿Qué hago cada día? Soy profesora de inglés en el secundario desde hace 24 años, y desde hace cuatro, soy vice directora del primario .¡ Amo lo que hago ! ¿Qué hago desde hace 33 años? Estoy casada con Enrique wojnacki desde 1080, y tenemos tres hijos José de 32, Laura 31 y Paula 26, ahora también tenemos un nieto Agustín de 7 meses y está llegando Lola.

7 Respuestas

  1. sandra elizabeth Gambuzza dice:

    excelente historia,impecablemente redactada,y muy descripta la rutina y la subjetividad del protagonista…me encanto!!felicitaciones!!

    Sandra Gambuzza

  2. Cecilia Aimar. dice:

    Una linda historia para contar. Me gustó.

  3. Lindo! Mantiene todo el tiempo la intriga y nos hace conocer poco a poco el personaje con todas sus vivencias y recuerdos. Muy bien escrito! Felicitaciones!

  4. Laura dice:

    Cuando se cuenta que era profesor de matemática, estuve a punto de desencantarme por considerar que el personaje era muy cliché, con su estructura, rutina etc. Pero me equivoqué y me alegró. Muy lindo texto. Delicado, no pretencioso y muy dulce. Gracias por compartir!

  5. noe dice:

    Hermosamente contada.

  6. Cecilia Martinez Rapalo dice:

    Una maravilla!. Felicitaciones.

  7. Pedro Félix Alonso dice:

    Que buena historia! me atrapó desde el primer momento. Muy bien desarrollada, con misterio, con intriga, con suspenso… felicitaciones

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