ALBASTRU(tiempo de lectura: 4 minutos)

-¿Push up, strappless o balconet? Nunca sé cuál es mejor para mi busto.
La frase de Verónica fue de esas que me hacen subirle abruptamente el volumen al tele. En realidad no tenía muchas intenciones de escuchar el resumen de la liga rumana de ascenso. Además, si algo sabe Verónica es que amo sus tetas y que eso no me hace un especialista en ropa interior. Para mí, Push Up puede ser un centro delantero de Los Angeles Galaxy, Strappless puede ser el arquero del París Saint-Germain, y el tal Balconet puede ser referí en la primera de Turquía. Además era lunes, y faltaba una semana para el casamiento al que estábamos invitados. Así que yo lo que menos quería era complicarme con la moda.
-Diego dice que un strappless azul marino me quedaría para el infarto.
Cuando Verónica dijo esas palabras vi la hinchada del Farul Constanta como diciendo: “uuuuuuuuhhh”. No sé cómo se dice “cornudo” en rumano, pero esa barra de los Cárpatos se me cagaba de risa en la cara. “Y ya lo ve, y ya lo ve…”. Baje a cero el volumen. No es grato que te puteen en la cara, y menos, en rumano, vía satélite. El televisor y todo el fútbol de Rumania se quedaron mirándonos en silencio.
-¿Hablan mucho de tus tetas con Dieguito?
Yo sé que el diminutivo de Diego era una declaración de guerra, pero ella empezó. La respuesta me importaba menos que el fútbol rumano, porque ya estaba sacado de celos. (¿Cómo se dirá “celos” en rumano?). Así que ella volvió a desmentir la homosexualidad de su compañero de trabajo. No mezquinó loables conceptos: que es un divino, que sabe de moda, que usa un perfume único y que no les quiere decir a nadie en la concesionaria el nombre de la fragancia. “Ay qué putito”, pensé. Yo ni sé cómo se llama mi único desodorante, el que uso desde que salí del Politécnico. Así que, si me preguntan qué fragancia es, no sabría qué responder, y eso no me hace un divino en absoluto. Nunca me interrogaron por ese tema.
De espaldas a mí, ella buscaba en el placar las combinaciones para el casorio. Me quedé mirando las flores del déshabillé de Vero; se lo regalé para un aniversario. Me acuerdo de su cuerpo encendido aquella noche. Fue una explosión de primavera llena de fragancias en su piel. Sé que me ama, y sabe que la amo, mucho más que a sus tetas. ¡Penal para el Farul Constanta!; activo el volumen. El relator habla de una falta evidente que el árbitro omite. No sé si se llamara Balconet, pero lo veo al delantero putearlo en la cara. Le estará diciendo en rumano algo como: “¡Era penal, garca! ¡Ojalá te lo dejen como una margarita!”. Vero descolgó el vestido azul marino y lo dejó en la sillita de la pieza. Desnudó su cuerpo de flores sobre satén. Apague la tele. Nos dormimos abrazados y en silencio. Yo soñé esa noche con la piel de Vero y sus flores para mí.
A la mañana siguiente entrené para mi partido. El fin de semana, en Bucarest se definiría el campeón y yo, lejos de Rumania, tenía que ganarme la copa de nuevo. Saqué con el celular una foto al vestido de Vero y me comí cuatro shopping y unos veinte locales de minas que decían: “ay, qué divino, le compra ropa interior a su mujer”. Me sentí Dieguito: putito y deseado. Ninguna me preguntó por el desodorante, y eso hasta me dio algo de dignidad. Debo haber visto más de cien combinaciones de corpiños con eufemismos como push up, strapless, balconet, sutien. Para mi eran todos ñocorpis, como para cualquier hincha rumano del Farul las lesiones son giladas. Era hora de definiciones. El jueves hice lo mismo que había hecho cuando elegí el déshabillé floreado: me imaginé a Vero con algo tan lindo como ella. El viernes a la noche dejé mi compra en la cama, y la escuché gritar desde el dormitorio, mientras yo veía fútbol:
-¡Un balconet azul marino! Me encanta, mi amor. Vení a ver cómo me queda con el vestido.
Hoy sé, porque lo busqué en Google (como hago con los jugadores que me gusta conocer), que azul en rumano se dice “albastru”. No recuerdo cómo salió la final en Rumania, pero recuerdo nuestros pasos esa noche azul como un eterno presente. Había pasado mucho tiempo mirando el verde pasto de canchas lejanas sin ver las flores que tenía a mi lado. Entro a la habitación, suspiro. Por la ventana, las estrellas me cantan un blues. ¿Cuándo será nuestra noche, mi caramelo de amor eterno, mi bombón primaveral del corazón?

Fredy Bustos

Con el pudor insuficiente para callarme una historia. Periodista con título, contólogo aficionado.

6 Respuestas

  1. Fredy Bustos dice:

    gracias por los comentarios. se siente bien saber que alguien te lee sin compromiso. y perdonen si realmente aún no sé las diferencias entre esas prendas jajaja

  2. Victoria Ordazzo dice:

    Excelente cuento!

  3. Cecilia Martinez dice:

    Excelente!!!!, la mirada masculina. Felicitaciones.

  4. Cecilia Aimar. dice:

    ¡ Ah, bueno!!!¡¡¡ Mortal!! Como dice mi nieta. ¡Qué amor y qué talento literario! No te conozco pero me pareces “divino” aunque no sepas cual es la fragancia de tu desodorante. ¡ja! ¡ja!

  5. María José Borgogno dice:

    me gustó. lo disfruté.

  6. Pedro Alonso dice:

    QUE BUENO!!!! QUE HISTORIA!!! MUY BIEN RELATADO. ME GUSTÓ MUCHO EL “ENSAMBLE” QUE HACES ENTRE FUTBOL, MODA Y HOMOSEXUALIDAD. ME PARECIO SUPER ORIGINAL. FELICITACIONES

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