# La memoria del elefante

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- Published: 2011-05-13T17:48:44-03:00
- Author: Germán Maretto

Fue en aquel entonces, cuando el tiempo era un grano de arena que buscaba moverse
dentro de un reloj, que el niño caminaba hacia el elefante.
 El animal, que ya lo
había presentido, había abierto los ojos y lo distinguió acercándose hacia él. Visto
de lejos, el niño era un pequeño brote. Uno que germinaba en el horizonte, cuando
todavía no era la línea que separaría tierra y cielo, y desvelaría a los pintores.¡
Apenas si había cielo! E, incluso, el fuego del que surgirían las estrellas como
chispas y los soles como brasas, todavía no se había encendido. Sabiendo interrumpida
su siesta, el elefante bufó disimuladamente. Cuando el niño estuvo frente a él, 
se arrodilló y abrió ese libro donde esbozaba sus relatos. Sus hojas no eran de 
papel. Eran ventanas incoloras que mostraban distintos puntos del universo. De la
mayoría emergía un vapor seco y sobrecogedor, que tomaba la forma de una mano ávida
por aferrar algo que completara el infinito vacío que a estas se asomaba. Pero unas
pocas, ya tenían algo garabateado: unas esferas terrosas, algún que otro cometa 
errático y mucho color negro de fondo. El niño siguió hojeando el libro, hacia atrás
y adelante, una, dos y más veces, hasta que por fin dio con la página que buscaba.“¡
Aquí está! Míralo”, dijo. “Este es el mundo que acabo de crear”. Y mientras el elefante
se acomodaba para escucharlo, el niño continuó narrándole: “Primero dejaré que tempestades
y terremotos acicalen su superficie. Pero luego de un tiempo, le pondré animales
como tú, ¡e incluso mucho más grandes al principio!”, exclamó, mientras abría sus
brazos de par en par, moviéndolos en elipses exageradas. “Ellos volarán, nadarán,
correrán, flotarán y caminarán…” y, tras una pausa silenciosa, en la que repasó 
la enumeración, ayudándose con los dedos de su mano, continuó: “¡Ah! Y haré unos
que repten… pero esos no serán mis preferidos. ¡También crearé un hombre y una mujer!”,
agregó con el entusiasmo inocente de quien se sabe poderoso y creativo como un dios.“
Y su descendencia hará todo eso mismo que te dije, por los siglos de los siglos.¡
Pero como a las serpientes, a los hombres que repten, tampoco los querré!”, concluyó
tajante y bajando su mano, estirada y en filo como una espada. Ese último gesto 
despertó a la brisa, que dormía en la orilla del Destino donde ambos estaban. Y 
entonces, el elefante, que hasta ese momento pensaba en preguntarle cómo se llamarían
ese primer hombre y esa primera mujer, escuchó que esta, de algún rincón de su memoria,
le traía dos nombres: ‘Adán’ y ‘Eva’. …Otra vez Adán y Eva.
